Nos dejó en un día lluvioso y frío de primavera, en un sendero de la Sierra de Guadarrama y haciendo lo que más le gustaba: exprimiendo su bicicleta de montaña. A tope, siempre a tope. No es un consuelo.
Alberto deja todo lo necesario para tenerlo siempre en el recuerdo: nos deja sus fotos y con ellas, su luz, su fuerza y su peculiar visión de la realidad. Alberto Lessmann no contaba historias, captaba momentos. Esa era su especialidad: captar la acción del instante y convertirlo en un fotograma clave. A partir de él, no podíamos evitar imaginar el final de la secuencia en su “escenario Lessmann”. Un escenario hecho de contrastes forjados a base de manejar como ningún otro la luz. Aquí nuestro homenaje a Alberto Lessmann, el Maestro de la Luz. Gran parte de lo que somos es gracias a él.
Quedarán en el recuerdo...
Su especialidad era la acción. La acción sin límites. Por eso, su hábitat eran los test, donde siempre intentamos mostrar las bicis desde una perspectiva única. Y en eso, él era un experto. Daba igual qué bici fuera, su obsesión era hacer algo distinto, experimentar todas las técnicas que aprendía o se le ocurrían: con la cámara bajo el agua de un arroyo, buscar el amanecer y el atardecer en un mismo día o, directamente, intentar mostrar una bici de test por la noche.
Pero donde se crecía y disfrutaba era con los reportajes especiales. Con aquellos que acaban en la portada de la revista digital. Pensar con tiempo, buscar el mejor momento, elegir al biker perfecto. Arrancamos en La Fenasosa y terminamos en La Pinilla.
Es difícil elegir las mejores fotos de Alberto. Hemos tenido que hacer un gran esfuerzo solo para elegir aquellas que nos dejaron un mejor recuerdo.






























