Somos Historia: Gran Premio Coronas

No sabemos cómo habría sido el mountain bike en España sin el Gran Premio Coronas, lo que sí sabemos los que lo vivimos es que significó para nuestro deporte un momento dorado. Hablamos de ello y mucho más con Diego Muñoz.

Texto:
Mariano Herranz
Foto:
Marcas
Publicado el 11/04/2017

El nacimiento del Gran Premio Coronas, en 1993, marcó un antes y un después en el mountain bike en España. De carreras de club, mejor o peor organizadas, algunas de las cuales formaban parte de un gris Open de España, a montajes profesionales con coloridas zonas de meta con carpas desde donde el público podía ver pasar a los corredores varias veces por vuelta y con carreras que comenzaron a verse tímidamente por televisión.

En un momento en el que no había casi equipos, el más fuerte era el de Nuere, una pequeña marca que ya no existe, y luego estaban los de las tiendas (Bike Cotos, Bike House...), este montaje atrajo patrocinadores para los equipos (surgieron los JVC, Liberto, KAS, Specialized, Orbea, J&B...), lo que permitió a muchos corredores ser profesionales, y también para el Open de España de XC y DH. Era la edad de oro del mountain bike español de la que hoy quedan solo rescoldos.

Todo empezó a raíz de la tienda de bicicletas que montó Diego Muñoz en Madrid junto a su hermano y un amigo, Mountain Bike Madrid. Y lo primero que pensó nada más montar la tienda fue hacer un equipo.

«Al primero al que llamé fue a Jesús Rodríguez, un amigo que estaba metido en el mundo del mountain bike y que estaba corriendo. Le dije que si quería ser parte del equipo. Me dijo que sí. También contacté con Fernando de Portugal y Guillermo de Portugal, que estaban corriendo triatlón. Les conocía de cuando era periodista y ellos corrían motocross y, cuando les dije que iba a montar un equipo y que la tienda estaba al lado de su casa, aceptaron».

Fernando de Portugal y Jesús Rodríguez acabaron siendo sus socios cuando, años más tarde montaron Last Lap.

Una vez había ya una idea de equipo, Diego, que había trabajado de periodista en el Mundial de Motociclismo y había sido mánager del equipo Coronas con Julián Miralles, llamó al presidente de Coronas, con el que mantenía una buena relación, para pedirle un patrocinio...

«Me dijo que sí, entre otras cosas porque el coste era anecdótico en relación a lo que se movía en las motos. Nos dio muy poco dinero. Estuvimos medio año con el equipo Rex, para el que nos dio 400.000 pesetas. Y al año siguiente, como no había carreras, nos dio 2 millones de pesetas para hacer el campeonato y llevar el equipo, ya Coronas. E hicimos el campeonato como se hizo, tirando de amiguetes y con muchísima ilusión».

—¿Cuál fue vuestro modelo de referencia cuando montasteis el Gran Premio Coronas?

—Teníamos las cosas muy claras, queríamos darle al deporte una imagen atractiva y moderna. Veníamos de las motos y veíamos que se podían hacer muchas cosas que no se habían hecho antes en el mundo de la bici, a nivel de imagen, de comunicación, de patrocinio... Lo que había aquí era una cosa de amigos, el ciclismo de carretera tenía una imagen siniestra, rancia, casposa, sin embargo el mountain bike tenía una imagen más moderna que tenía más posibilidades de ser explotada. Las motos fueron nuestra inspiración.

—La Federación no siempre puso las cosas fáciles..., ¿no?

—Había el peligro de que se metiera mucho la Federación y se contagiara del mundo de la carretera y, al principio, en los primeros años, se hizo bien porque los de la carretera nos lo pusieron fácil: nos rechazaron. El mountain bike estaba completamente rechazado por las federaciones, por los clubes, por todo el mundo... Éramos los niños bonitos que venían aquí a hacer una cosa rara.

La Federación era una estructura anticuada y pensada para el ciclismo de carretera y toda la gente que estaba allí metida venía de clubes de carretera, de organizadores, de equipos..., entonces no entendían nada de esto. Era todo nuevo y nos tomaban como globeros, aficionadillos. Nunca nos tomaran en serio...

—Hasta que apareció el dinero...

Cuando vieron que había marcas que empezaban a entrar con dinero, la Federación quiso empezar a meterse, a querer cobrar derechos por los campeonatos, tanto que se emborracharon y terminaron cargándoselo. Vivimos 10 o 12 años muy bonitos pero luego esto cayó en picado y ahí sigue, porque creo que los Open de España que hay hoy dejan mucho que desear respecto a lo que hubo en aquel tiempo. Quizá entre todos nos cargamos la gallina de los huevos de oro.

—¿Qué recuerdas de la primera carrera del Coronas?

—Arrancamos el 23 de febrero de 1992, en Manzanares el Real. Recuerdo que nos peleamos los tres socios por ver dónde la hacíamos. Fernando la quería hacer en Valdemorillo y Jesús y yo en Manzanares. Como éramos mayoría ganamos, pero Fernando dijo: «Pues yo hago una en Valdemorillo dos semanas antes». Así nació la clásica de Valdemorillo... [risas].

También me acuerdo del susto que nos dio Carlos Carabias. Hicimos un salto de bajada en la zona de meta un poco salvaje y Carlos se cayó, se quedó inconsciente... Nos pilló en un momento en el que la ambulancia se había tenido que marchar porque había habido un accidente en la carretera... De repente, en el primer día de carrera, aprendes más que todo lo que hemos aprendido muchos años después. A pesar de todo fue un éxito, todo lo que recuerdo es bueno.

—Aquella carrera fue algo nuevo, nunca visto hasta entonces en España...

—Teníamos muy claro el formato de carrera que queríamos tener. Habíamos visto mucho lo que se hacía en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos. Mirábamos mucho el Mountain Bike Action y más revistas extranjeras y soñábamos con una gran explanada verde con una parrilla de salida anchísima, con corredores saliendo y con un circuito sencillo para el público, algo que ha sido una máxima en nuestra historia.

El mountain bike es un deporte precioso para el participante, pero cuanto más bonito es para el participante más feo es para el público. Un recorrido que se mete en la montaña, se pierde, sube muchísimo, baja por un sendero y termina... es muy difícil de hacerlo atractivo al público.

Nosotros queríamos tener lo que se llama un circuito margarita, en los que en una vuelta los corredores pasen por la zona de meta varias veces, para mantener al público con atención en un punto. De hecho, las copas del mundo han tendido a hacerse así, y es lo lógico si quieres que el deporte sea espectáculo.

—¿Qué diferencias hay entre esa primera carrera del Coronas de Manzanares el Real de 1993 y las últimas, ya en 2001?

La gran diferencia de esa carrera con las últimas es emocional. Aquella carrera la hicimos con amigos. Sin dormir, nosotros con una serie de gente, con nuestras familias, con nuestros hermanos, primos, sobrinos, amigos, amigos de amigos, todo el mundo sin cobrar ni un duro, pagándose incluso los desplazamientos a las carreras, metiéndose unas palizas tremendas de currar, y aun así haciéndolo con profesionalidad

Lo hacíamos con mucha ilusión. No era una empresa todavía, éramos unos amigos haciendo nuestro hobby, pasándonoslo de puta madre organizando bien una carrera de mountain bike.

Aquel primer año no teníamos presupuesto para montar carpas, pero sabíamos que teníamos que montar algo para que si hacía frío los equipos estuvieran en el interior, para montar las zonas de inscripciones..., y les pedíamos las carpas al ejército, el agua al Canal de Isabel II.

Por supuesto, luego se han hecho las cosas muchísimo mejor y ahora cualquier cosa que hacemos se hace de una forma súper profesional, con un equipo pagado, con medios, presupuesto, patrocinios... Es distinto. Ahora hacemos las cosas mucho mejor, pero con otros valores.

—Siempre hubo quien criticaba que tuvierais un equipo Coronas corriendo dentro del Gran Premio Coronas...

—Nosotros sabíamos desde el principio que era un problema con el que jugábamos porque podía dar lugar a suspicacias, pero precisamente, como lo sabíamos desde el primer día, tuvimos muchísimo cuidado para que no ocurriera nunca nada raro. Tan es así que en la primera carrera del Gran Premio Coronas se descalifica al corredor principal del equipo Coronas, cosa que no se hubiera hecho con ningún otro corredor.

Alberto León llegó tarde a la salida y no salió con todos sino que se incorporó al final de la recta, el último... Hizo una gran carrera y remontó, pero al final tuvimos que descalificarle porque hubo una reclamación de otros corredores. Efectivamente, tenían razón esos corredores en que había inflingido el reglamento en ese punto y se le descalificó. Siempre éramos más papistas que el Papa.

Estábamos obsesionados con que nadie pensara que jugábamos con ventaja. Pero aun así, en la Vuelta a España que organizábamos, y no era Gran Premio Coronas, recuerdo que cuando Márquez metió 8 minutos o no sé qué salvajada a los siguientes en la etapa de Guadalajara, cuando llegué a meta, los mánagers de los otros equipos me decían que como la moto que abre carrera era la nuestra, que habíamos subido a Márquez en la moto y así había ganado por ocho minutos... Ante eso, o te descojonas de risa o... Bueno, es lo único que puedes hacer...

—¿Por qué acabó el Gran Premio Coronas?

Coronas era un patrocinio anti natura, era una marca de tabaco patrocinando un deporte de esfuerzo. Estaba basado en una relación profesional y personal muy buena que teníamos con ellos, que a ellos les dio muy buen rendimiento porque hizo que la imagen de Coronas pasase de ser la de un tabaco negro y muy anticuado a ser un tabaco rubio y moderno, más juvenil, pero evidentemente no podía mantenerse mucho en el tiempo. No se murió legalmente, pero se habría muerto legalmente al año siguiente. Realmente Coronas cambió su cúpula directiva y decidió retirar todos sus patrocinios.

—¿Fue imposible continuar con el campeonato?

—Quizá las carreras podrían haber sido autosuficientes con pequeños patrocinios y las inscripciones, pero era mucho esfuerzo y muy poco reconocimiento. A nosotros nos llegó mucho más reconocimiento después que durante. Cuando ya nos habíamos ido y la gente se ha dado cuenta de las carreras que tienen hoy es cuando dicen: «¡Qué tiempos aquellos los del Gran Premio Coronas...!».

Pero cuando estábamos allí, no sé si sería por envidia o porque pensaban que nos estaríamos forrando, teníamos gente, clubes... que nos hacían la vida imposible, era muy incómodo. Un ambiente que no hemos encontrado en todos los deportes.

—Pero me imagino que para vosotros también era un negocio...

Tampoco era un súper negocio... En los primeros años del Coronas perdimos mucho dinero, luego fuimos recuperando ese dinero y al final acabamos ganando algo. Pero para lo que nos sirvió Coronas fue para conseguir un gran prestigio como organizador, lo que nos abrió las puertas de otras marcas. Pero durante toda aquella época del mountain bike económicamente fueron miserias.

La gente no sabe que Coronas un año entero no lo pagó... Canarias había aprobado el gasto, Madrid no lo aprobó y no lo pagó, con lo que nosotros nos comimos las seis carreras y todo el equipo. No quiero que nos hagan un homenaje ni nada pero sí decir que mucha gente era injusta y no sabían lo que tenían. Ojalá todos los deportes tuvieran competiciones así organizadas y que durasen más tiempo.

—¿Alguna cosa que hoy no hubierais hecho?

Cosas que no hubiéramos hecho... Quizá tirar tanto de nuestra gente, machacarles tanto... Mira, hoy veintitantos años después, ha venido un amigo a pedirnos prestada una furgoneta. Y por aquí me preguntaban: «¿Quién es este?...». Pues este es uno a los que le debemos la vida porque fue de los que estaban en las primeras carreras y no dormía, y estaba en el parking o en la cocina, o en el bar, currando como un bestia. Ahora, si me pide cualquier cosa...

—¿Y algo que se haya quedado pendiente de hacer?

—Me hubiera gustado no haber parado, haber seguido con las carreras de XC, con los descensos... Hicimos un intento de internacionalizar el GP Coronas y nos trajimos algunos corredores internacionales, y a raíz de eso hicimos Copa del Mundo, Campeonato del Mundo, Campeonatos de España, Vueltas a España...

Ahora mismo me gustaría seguir haciendo la Vuelta a España, y de hecho está siempre en nuestros planes, para intentar volver a hacerla. Era un evento maravilloso pero ahora está muy fuerte el deporte popular y muy flojo el profesional. Hemos pasado en España, en el mountain bike, de hacer 10 o 15 pruebas profesionales de alto nivel al año a no hacer ninguna y en cambio hacer 10 o 12 populares de buen nivel. Me gustaría volver a hacerlo.

—¿Qué piensas cuando ves la trayectoria de corredores como Hermida, Coloma, Oulego...?

—Mi hijo está corriendo descensos y voy de vez en cuando y me hace gracia ver que Oulego sigue siendo casi el mejor y que Hermida, que ha sido todo y sigue siéndolo..., sigue ahí. Da un poco de pena que no haya nada detrás, el abismo es enorme. Los que están ahí delante, Coloma, Mantecón... Mantecón corría en júnior los Coronas... Hay una generación perdida. En cuanto se han muerto los campeonatos, se han muerto los patrocinadores y se mueren los corredores...

—Si no hubiera existido el Coronas, ¿que hubiera sido del mountain bike en España?

—Pues hubiera sido como cualquier otro deporte. Hubiera habido otro organizador y creo que hubiera ido más por el lado del ciclismo de carretera. Posiblemente Unipublic, en cuanto hubiera visto una posibilidad, se hubiera metido más a saco... Hubiera sido más una variante del ciclismo de carretera, pero hubiera funcionado igual...

Texto:

Mariano Herranz

Fotos:

Marcas

Publicado el 11/04/2017

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