Cadel Evans

Somos historia: Cadel Evans

Cadel Evans ganó el Tour de Francia en 2011, pero seguramente queden en tu retina imágenes de Cadel Evans vestido con los colores de Volvo-Cannondale.

Texto:
Mariano Herranz
Foto:
Malcolm Fearon
Publicado el 02/05/2017
Cadel Evans

Cadel Evans ha llegado a lo más alto en el ciclismo de carretera, pero ya lo había logrado con las ruedas «gordas» de 26 pulgadas, lo que hace de él un ciclista único. Muchos ciclistas de carretera se han pasado al mountain bike, así como otros muchos corredores de mountain bike han intentado la aventura de la carretera, pero ninguno como Cadel Evans ha logrado triunfar a ese nivel.

Nacido en Katherine, en 1977, pero criado en Melbourne, Evans fue descubierto por Damian Grundy, que después de haber corrido en carretera, bmx y mountain bike, estaba viviendo sus últimos años como corredor y regentaba una tienda de bicicletas, Eltham Cycleworks. Bueno, más bien fue descubierto por su mujer, Rachel. Esta le comentó en el Campeonato de Australia de 1993 que aquel chaval de 15 años que acababa de ser segundo en júnior iba mucho por la tienda. Damian fue a hablar con él y le preguntó si quería una ayuda en su carrera. Que se pasara a hablar con él.

El resto es historia. Se convirtió en su entrenador durante los siguientes 12 años, hasta que fichó por Mapei. Damian lo vio claro desde el principio: «Desde que empecé a trabajar con él supe que tenía algo extraordinario, era un chico muy centrado en sus objetivos y determinado a ganar...». Determinación y también unas condiciones naturales innatas extraordinarias. Gracias al sistema de apoyo al deporte en Australia, obtuvo una beca en 1995 para poder dedicarse al mountain bike por parte del Australian Institute of Sports (AIS), en donde le hicieron unas pruebas fisiológicas que mostraron una rara combinación: un volumen pulmonar y una capacidad para absorber más oxígeno de cada respiración que el 99,9 por ciento de la población... Le llamaban el pulmón...

Antes de esto ya había hecho su debut a nivel internacional en los mundiales de Vail, 1994, donde logró la plata en júnior, el primer metal de los cinco que conseguiría en los siguientes siete años, tres de plata y dos de bronce, todos en las categorías de júnior y sub-23.  Fue el principio de una vida llena de viajes, lejos de su casa, como ocurre con cualquier deportista de élite australiano. Así, a pesar de su juventud, fue encuadrado en el equipo australiano para los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, donde acabó noveno, para unos meses más tarde conseguir el bronce en la categoría sub-23 en los campeonatos del mundo de Cairns con tan solo 19 años.

En 1997, ya en el equipo Diamond Back, consigue sus primeras victorias en la Copa del Mundo, en la que acaba tercero en la general por detrás de Miguel Martínez y de Christophe Dupouey. Ese fue el gran año del rival más duro que tuvo Evans, Martínez, que le ganó también el oro en sub-23 en el Mundial de Chateau d'Oex. Dos sub-23 de lujo. Es en 1998 cuando explota definitivamente y se hace con la Copa del Mundo, un título que repetirá en 1999, ya en el equipo Volvo-Cannondale. Son dos años en los que es el mejor, el más regular a lo largo de la temporada, pero al final se queda sin el soñado maillot arco iris.

Pero en 1999 se produce un hecho que cambiará su vida. Disputa la prueba por etapas de ciclismo en ruta más dura e importante de Oceanía, el Tour de Tasmania, y lo vence. Su cabeza ya estará a partir de entonces en la carretera.

Eso hace que se traslade a vivir a Suiza en 2000, año en el que alterna su participación en algunas carreras selectas de mountain bike con la carretera, encuadrado dentro del equipo Saeco, que montaba también bicicletas Cannondale. Y ese año logra dos nuevas victorias en la Copa del Mundo, pero no logra pasar del séptimo puesto en el gran objetivo de la temporada, los Juegos Olímpicos de Sidney.

En 2001 logra varios podiums en Copa del Mundo, de la que al final es séptimo en la general, pero vence en carretera la Vuelta a Austria y el Brixia Tour, lo que llama la atención del Mapei, el equipo de carretera más potente del momento, que no tardó en ficharle. A partir de ahí, a pesar de un estilo muchas veces conservador, que no entusiasma a los aficionados, Cadel Evans logra vestirse de rosa, amarillo y oro en las tres grandes vueltas, sube al podium de los Campos Elíseos con dos segundos puestos en 2007 y 2008 y se viste en el Mundial de Mendrisio de 2009 el maillot arco iris de campeón del mundo que no pudo conseguir en el mountain bike.

Pero su consagración llega con su llegada en 2010 al equipo BMC, equipo con el que ganará carreras como la Flecha Valona, Romandía, Tirreno Adriático, Critérium Internacional y, por supuesto, el Tour de Francia de 2011.

Dos copas del mundo de mountain bike y, en carretera, grandes clásicas, carreras de una semana, un mundial y un Tour de Francia, hacen que su palmarés sea no solo brillante, sino el más completo que pueda tener un ciclista. Y además con un historial inmaculado en cuanto al dopaje.

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Mariano Herranz

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Malcolm Fearon